Con Santiago padre, su gran apoyo durante todo el proceso de preparación, encontraron en esta recibimiento una nueva oportunidad para emocionarse al descender del avión y divisar las primeras banderas y carteles, con el fervoroso aliento como telón de fondo y la placentera sensación de bienvenida que encontraron en cada abrazo, en cada gesto de los allí presentes.
A los vaivenes emocionales vividos durante los días de competencia le faltaba este calor cercano del hogar, de los seres queridos para cerrar el círculo.
Con su habitual simpatía y predisposición “Santi” se tomó el tiempo para agradecer cada gesto y hasta para acceder al pedido de selfis. Lo que era una jornada normal de tránsito de pasajeros en el aeropuerto se convirtió de pronto en una espacio de celebración que se prolongó varios minutos y tuvo su continuidad en el recorrido por la ciudad, la última gran etapa que le faltaba completar a Santi: el tramo del feliz regreso a casa





